LLORENTE LA ESPERANZA

Quiénes Somos

Quiénes Somos

La venta de todo tipo de material de construcción constituye la razón de ser de Llorente La Esperanza, una empresa en la que ponemos a su disposición una amplia gama de productos capaces de convertir su hogar en el mejor lugar de todos los posibles.

Atención personalizada, buen trato o asesoramiento especializado son tres de las cualidades que caracterizan este negocio familiar, heredero del buen hacer de varias generaciones de "Llorentes" esforzándose por prestarle un excelente servicio.

Le atendemos desde nuestras tres áreas departamentales: Exposición, Almacén y Oficinas. En ellas nuestro equipo de profesionales responderá a cualquier duda o requerimiento que usted desee plantear.

Pequeñas y medianas empresas, así como particulares que desean realizar reformas, constituyen nuestra principal cartera de clientes.

Quiénes Somos

Historia

En 1915, Aniceto Llorente Gutiérrez compró a la familia Garnacho un tejar artesano y manual, situado en los terrenos actuales de la empresa en La Cistérniga. Ahí comenzó la historia de nuestra firma. Aniceto Llorente, el primero de la saga de nuestra empresa familiar, comenzó instalando la maquinaria necesaria para la fabricación de diferentes clases de ladrillo, así como la construcción de un horno Hofman para su cocción con carbón.

En 1925, tras su fallecimiento, sus hijos le sucedieron en la actividad. Patricio Llorente García ejerció primero como gerente y, después, como titular único. En 1961 tomó el relevo su hijo Tomás Llorente Estébanez, quien administró la fábrica y renovó la maquinaria y los hornos. En 1981 nuestra entidad cesó la fabricación de ladrillos y se inició en la actividad comercial. Juan Llorente del Barrio, hijo de Tomás Llorente, asumió en 1996 la gerencia de la empresa Materiales de Construcción Llorente - La Esperanza, S.L., tal como se conoce hoy día.

Hemos logrado llegar a la cuarta generación sin dejar de ser una organización completamente familiar. Ese carácter se contagia también a nuestra forma de operar, ya que el trato que cabe esperar por nuestra parte no puede calificarse de otra forma.